La llegada de Vaitea #SMPR2017

Hace algo más de 3 años nació nuestra primera hija, Moana Luna, mediante una cesárea tal vez evitable. Después de un embarazo sanísimo, a las 41 semanas no sentía ninguna contracción, a pesar de haber intentado acupuntura como medio de inducción. La ansiedad nos estaba afectando mucho, por lo que en conjunto con la matrona y la ginecóloga decidimos intentar una inducción médica formal a las 41+1 semanas de gestación. Como en la mayoría de los casos, la inducción falló, bajaron tus latidos y hubo que apurarse en realizar una cesárea. Lo viví como algo doloroso, inesperado y que me arrebató la posibilidad de estar junto a mi hija en sus primeras horas de vida. En mi segundo embarazo quería que fuera diferente, deseaba más que todo un parto lo más natural posible y respetado. Para eso volvimos con el equipo de Obsnatura con la idea fija en la cabeza y buscamos el acompañamiento de una Doula. A las 40 semanas ya comenzaron las presiones de la familia y amigos. Yo tenía escasas contracciones no dolorosas y la panza se veía muy “arriba” todavía, a pesar de que hacía ejercicios con la pelota todos los días y algunos ejercicios de “belly dance” por las tardes, además de fitoterapia y homeopatía. A las 41 semanas hicimos una eco de control en la que todo estaba perfecto, bebé bien, líquido bien y placenta grado 2. Podíamos seguir esperando, sin embargo, las presiones externas e internas se hacían más intensas. Decidimos hacer 3 sesiones de acupuntura que provocaron contracciones durante la noche, pero que se esfumaban durante el día. Definitivamente la baby se hacía de rogar. Entonces decidimos usar un “secreto de la abuelita” que nos recomendó la matrona que generó muchas contracciones durante toda la noche, que no me dejaron casi dormir. Mi cuerpo ya se sentía distinto. Eran las 41+5 semanas y no arrancaba el trabajo de parto. La ansiedad nos estaba afectando, pero yo seguía con la idea en la cabeza de que en cualquier momento iba a comenzar e intentaba no desmotivarme. Esa noche mi marido instaló la piscina de parto y me dí un baño relajante. Entonces se inició definitivamente el viaje. La luna llena y una inesperada lluvia de octubre me acompañaron durante las primeras contracciones, hasta que a las 5 de la madrugada decidimos llamar a la matrona, quien rápidamente llegó y constató que estaba con 5 cm de dilatación. Eso fue música para mis oídos. Luego de eso llegó la Doula, y entre las dos me ayudaron a aliviar el dolor y me motivaron a seguir adelante. Fueron varias horas de trabajo de parto, en las que me sentí cansada por momentos, pero muy acompañada por todo el equipo y mi marido. Estuvimos en la piscina algunos ratos, lo que ayudaba mucho con el dolor, sin embargo, enlentecía un poco el proceso. Las contracciones iban y venían, hasta que por fin llegamos a dilatación completa. Entonces llegó a acompañarnos la ginecóloga también, en nuestra calidad de colegas. Finalmente, después de 2 horas de expulsivo, a las 16:20 hrs del día 16 de octubre, acompañada de un sol radiante después de la lluvia, parí a nuestra segunda hija, a quien decidimos llamar Vaitea (agua clara) Sol. Un hermoso parto vaginal después de cesárea (PVDC) en casa.

Como médica casada con médico, lo más difícil fue deshacernos de los miedos y conectarnos con lo primitivo; desvelar el instinto y dejarnos llevar por lo mamífero. Definitivamente esta ha sido la experiencia más maravillosa y extrema de mi vida.

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