La llegada de Malena

Malena llegó en viernes: el día más proletario que existe (todo lo bueno está por venir). La noche anterior nos comunicó su decisión y pasamos las horas con esa mezcla, aparentemente inevitable, de alegría anticipada y miedo. En un momento, ya tarde, dejó de moverse y nos preocupamos. Corté la base de una botella de jabón líquido e improvisé un estetoscopio. Puse el lado abierto en la panza y la oreja del otro. Intenté, sin éxito, escuchar el corazón: parece que la Malena lo detuvo un minuto sólo para molestarme. Como fuere, una cosa está clara: el diseño de instrumental médico de bajo coste no es lo mío. 

La Malena no se encajaba y fuimos a cesárea. En el quirófano, mi valentía duró poco: puede que el personal médico esté acostumbrado, pero para mí, que suelo ver a la gente cerrada por fuera, fue demasiado. Tuve la lucidez de salir antes de que se me apagara la tele. Poco después, una enfermera fue a ver cómo estaba. Le dije: “Me da pena no haber estado ahí para ellas”, y me puse a llorar. A los pocos segundos, otra enfermera: “¡Vamos que nace!”. Y fui.

Lo que viví me provoca lágrimas cada vez que lo recuerdo, como ahora. Yo abrazaba a Ana y miraba la panza de reojo. La Paz irradiaba una luz que me hizo sentir que nada podía salir mal. La miraba a ella. Pensé: “Si ella está tranquila es que está todo bien”. La Malena asomó y la Paz le dijo, sonriendo: “Bienvenida”. Y después: “Una, dos, tres vueltas de cordón. Con razón no podías salir, linda”. Luego, llevó a la Malena a su pecho. Parecía que la recién llegada podría haberse quedado ahí para siempre: fue como si, después del útero, hubiera encontrado su lugar. Algo encajó. Después, Paula nos la pasó: Ana la miraba y lloraba, la Malena abría los ojos como si ya tuviera un par de meses y me agarraba un pulgar, yo las abrazaba a las dos. Sentí que no había más que nosotros tres. 

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En ese momento, la Paula tomó la foto. Fue la que mandé a todo el mundo. Me preguntaban: “¿Quién la tomó?” o “¿La tomó una fotógrafa?”. “No, la Paula, la matrona”. Y es que la foto es perfecta: no sólo retrata ese momento de unión sin nombre sino que, además, es una foto hermosa: en foco, bien encuadrada, cada cara en un color, la Malena agarrando mi dedo y Ana mirándola, yo tomando la mano de Ana. Perfecta.

Aprovecho para agradecer públicamente al equipo. Se lo dije a Paula y hoy a Paz, pero lo escribo aquí: me sentí tranquilo, cuidado (¡y no que yo debiera ser el más cuidado!). Para alguien no acostumbrado al tipo de cosas que pasan en un quirófano y con tanto en juego, el parto puede ser una experiencia dura y es muy importante saber que todo está bajo control. Y no me refiero sólo al nivel técnico, sino al emocional: sobre todo, importa sentirse acogido, saberse querido. Es una medicina que está en desaparición y me alegro de que me hayan tocado personas que se resisten al modelo cosificador.

Ahora la Malena y la Ana duermen (en “colecho”, como prohibe el manual). Yo estoy feliz. Sé que la cesárea tiene menos pedigrí “natural” que el parto vaginal. A mí, con las dos aquí, eso me importa poco y nada. Quizás porque soy hombre o porque soy más práctico, pero lo importante es que las dos están bien. Estoy agradecido por eso: las cosas podrían haber salido mal en cualquier momento de todo el proceso. Así, las formas me parecen secundarias. De hecho, creo que la recuperación, por parte de las mujeres, del proceso de embarazo y parto no debería sumar otro deber ser a la lista. Debería significar ganar nuevos derechos, no nuevas culpas. Entiendo que uno hace el mejor esfuerzo y luego juega con las cartas que le tocan. Malena quiso venir así, pues así vino. Yo no tengo más que agradecer.

2 comentarios

  • Emocionante, me alegra mucho que haya salido todo tan hermoso. Malena, bienvenida, ya nos cantás tangos como ninguna. Un beso grande a la nueva familia, para mi, una guía. Besos y abrazos por tres.

  • Alejandra Rojas de Reyna

    Me encanta! Me encanta!
    Tus palabras me emocionan hasta las lágrimas… haces que recuerde la llegada de mi hijo al mundo… El cuerpo y la naturaleza, son sabios; cada cual hace lo suyo…
    Soy esposa, madre, Enfermera y rescato cada una de tus palabras y emociones.
    Que Malena sea bienvenida al universo y que tu triada de amor sea próspera y feliz.
    Saludos y mi abrazo a Obsnatura, a quien también tengo el placer de conocer.

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