El nacimiento de Sabina

Sabina fue concebida a fines de enero, cuando nuestro hijo mayor tenía apenas seis meses. Todo fue como lo planeamos y aún para nuestra sorpresa, el nuevo bebé era una niña. Como todos decían, tendríamos “la parejita”. Sabina había sido concebida físicamente, aunque existía, ya de nombre, ya había sido imaginada y soñada y era esperada por toda la familia desde hace años.

Ya con la experiencia de un parto natural previo, que había ocurrido en la clínica, pero sin medicaciones y mínimas intervenciones médicas, nos planteamos llevar a cabo esta vez un parto en casa. Siempre había sido nuestra intención, pero con mi primer embarazo, demasiadas trabas administrativas lo habían impedido. Esta vez, a los tres meses de embarazo, nos enteramos que una patología cardíaca de mi hija, consecuencia de una Trisomía 21, nos llevaría una vez más a tener un parto en la clínica. Pero las condiciones se mantendrían: Sabina habría de nacer con las mínimas, ojalá con ninguna, intervención clínica, nuevamente Paula nos acompañaría en el parto, y sería su sabiduría y delicadeza, más nuestra fuerza y voluntad lo que traería al mundo a Sabina.

El desarrollo del embarazo no fue fácil. Hubo momentos de mucho temor de parte nuestra, pues los pronósticos para Sabina eran inciertos. Podría tener bajo peso al nacer, crecer poco, nacer anticipadamente, incluso, no llegar a término. Hubo también momentos de cansancio físico y emocional. Pero tuvimos mucho apoyo médico, mucha información y mucha contención. La posición de todo el equipo médico –doctor, matrona, cardióloga, genetista-, fue siempre que un parto natural sería la mejor opción para el nacimiento de Sabina: beneficiaría el apego, la lactancia materna, me ayudaría a mi a tener una mejor recuperación, para poder acompañarla en los exámenes y controles postparto que tendríamos que efectuarle. Sólo alguna complicación vital nos haría intervenir el proceso. Obsnatura fue fundamental durante todo este proceso. Allí realizábamos los controles mensuales con Paula, las clases de yoga prenatal con Paola (¡tremenda inspiración!), charlas de nutrición, masoterapia, lactancia, eternas conversaciones con Rosita y ante cualquier duda, sabíamos que podíamos acudir allí. Nos apoyaron no sólo con los conocimientos y atención médica, sino también con cariño y amistad.

Repasé durante los últimos meses de gestación, los consejos que había recibido en el taller de preparación al parto, sobretodo los que concernían al control del cuerpo para prepararse a un parto natural. Fuerza, autocontrol. En paralelo, Sabina crecía con normalidad y todos los exámenes nos daban resultados muy positivos.

Cuando llegaba ya el momento del parto, la ansiedad nos consumía. Después de todos los auspicios de un parto adelantado, pasaban los días y Sabina no daba indicios de querer venir. Tan esperada que era ella y tan huidiza su llegada. “Hay que inducir” dijo finalmente el doctor. Pero después de tantos meses… valía la pena intentar una vía natural para promover el trabajo de parto. Así fue como Paula me sugirió, aún con los mínimos cambios físicos que sugerían que se acercaba el parto, probar con acupuntura. Era cerca del mediodía, un jueves. A las dos de la tarde las contracciones indicaban derechamente que estábamos avanzando en el trabajo de parto. Todo ocurría demasiado rápido, al punto que apenas si alcanzaron a llegar todos los doctores que debían concurrir a la clínica. Veinticinco minutos para las siete de la tarde nació al fin Sabina.

Creo que ya con dos hijos, puedo hablar con cierta propiedad de lo que es convertirse en madre. El nacimiento de mi primer hijo marca un antes y un después en mi vida en muchos sentidos, como madre y mujer. El recuerdo de aquel momento y su maravilla estaba vivo en mí durante el parto de mi hija. Sin embargo este nacimiento tuvo un sello especial. En primer lugar, porque el parto fue mucho más íntimo –éramos sólo cuatro en la sala: la enfermera, Paula, mi esposo y yo-. Paula se encargó de que todo funcionara bien, puso la música que escuchaba en las sesiones de yoga, hizo partícipe a Hernán de todo el proceso (lo que nos unió mucho más como pareja), me permitió seguir las señales de mi cuerpo y las posiciones que él dictaba. Sabina nació en el piso de la habitación, mientras mi esposo abrazaba y me servía de apoyo y Paula recibía a la pequeña. Luego de eso pasamos un largo rato abrazadas, Sabina y yo. La ví abrir sus ojos por primera vez mientras la sostenía. Todo estaba bien.

Recuerdo haber pensado que los partos de nuestros antepasados deben haber sido también así. Nacimientos ancestrales, en ambientes íntimos y familiares, guiados esencialmente por la naturaleza, las sensaciones del cuerpo y sus ritmos, escuchando cantos que conectaban a cada uno con su divinidad, llorados y gritados, sentidos y vividos. Sin preocuparse de si nacimiento ocurría en el piso, sujeto de un árbol o en el agua. Sin darle crédito al dolor, que finalmente nos permite recibir un tremendo regalo y nos hace más fuertes. Un parto nos conecta con lo más instintivo de nosotros, con fuerzas ancestrales y universales que olvidamos en nuestro diario vivir.

Creo que el nacimiento de Sabina nos confirma que nacer de forma natural y consciente es algo seguro y muy beneficioso, tanto para un niño sano como para un bebé que puede tener complicaciones de salud manejables en un ambiente controlado.

Un nacimiento es un punto de llegada y también un punto de partida. Terminaron meses hermosos de regaloneo pero también de preocupaciones. Y comenzó una nueva aventura, junto a mi esposo y Ricardo, mi otro “bebé Obsnatura”. Eternamente agradecidos del cariño y la experiencia. Sabina y yo seguimos acudiendo juntas a Obsnatura, ahora a clases de yoga mamá – bebé, a las charlas y al taller de estimulación temprana.

Andrea Saunier.

Un comentario

  • Leo constantemente las hermosas publicaciones de las guerreras y valientes mujeres que no dejaron que decidieran por ellas y han vivido esta hermosa experiencia y al mismo tiempo entre la emoción y la alegría siento una pena en el corazon por no haber sido mas valiente y haberme empoderado… soy madre de dos hermosas niñas que llegaron por cesárea a pesar de haber tenido embarazos espectaculares, pero como siempre en último minuto los señores médicos te llenan de temores absurdos basandose en comentarios que hoy e descubierto son los mismos para muchas madres poco informadas como yo en ese momento. Aplaudo y agradezco que existan profesionales como ustedes que hacen realidad el sueño de muchas madres, el sueño que siento me fue robado, decidimos no tener mas hijos sique en mi último parto fui operada… quizas en otra vida tenga la valentia para alzar la voz y defender mi sueño, por ahora me queda el consuelo de leerlos a ustedes y poder transmitir este conocimiento a mis hijas… Gracias

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